Cortar el pasto con tijera


1.
Cortar el pasto con tijera es
como hacer puntadas,
batir una torta,
correr.

Es como dejar que lata el corazón.

La palabra corazón últimamente es rara de oír.
Sin embargo es cada vez más familiar
su imagen.

Hablar también se parece a cortar el pasto con tijera.
Es la repetición,
la sucesión de los movimientos (jugadas),
la trama en acción.
El rito. Re(hu)irle a la muerte.

Creo que se puede hacer textil con cualquier cosa.
( textil / arte / cultura )

2.
Cortar el pasto con tijera no es algo, que en sentido literal,
se haga siempre ni en todos lados.
Pero en sentido metafórico se asemeja a muchas cosas.

Son intervenciones pequeñas,
que se hacen con cuidado y con paciencia,
muchas veces sobre los bordes,
para “emprolijar”, para que las cosas sean más bellas.

3.
Pienso en lo doméstico, territorio de la mujer de antaño.
Me pregunto por qué nadie lo quiere.
Me pregunto qué se entiende de las cosas.

Me pregunto por qué existen las disputas (por los espacios, de poder).
Me pregunto qué es la política.

Entonces comprendo que tenemos
que enseñarnos los unxs a los otrxs.
Y apoyarnos en las luchas (las de todxs, las de cada unx).

Me pregunto si todas las luchas valen la pena.
Me respondo que la vida sólo vale la pena
cuando hay lucha.

De lo contrario, todo es absurdo y peligroso.

Sentido de comunidad, de humanidad.

4.
No importan las cosas, sino el significado y el sentido que les damos.
Simbolización.
Somos cultura.

5.
En el territorio de lo doméstico
               
                (seguir pensando)

6.
Cortar el pasto con tijera
Es una actividad que puede parecer poco grata al comienzo, pero:
> Hay que encontrarle la forma, el modo, cómo se hace. Puede tornarse hermosa.
> Te hace pensar. Unx crece con la experiencia.

Y el resto del mundo no importa.
Excepto el amor como concepto.

Y el pasto,
y la tijera,
y nuestras manos, como cuerpos.

7.
La danza.

8.
El territorio de lo doméstico
es un hábitat de color verde.

En el territorio de lo doméstico,
Todxs cortamos el pasto con tijera.


















Enero de 2018