Un ovillo, la memoria


Un ovillo que se arma
a partir de un hilo,
una vida que se hace
de las fibras de la lana,
que se anda
por el paso de los dedos,
el sentir de su aspereza,
el sentir su suavidad.

Recorrida, recogida,
enrollada en sí misma,
y guardada.
Guardado el ovillo.
En una repisa,
en una canasta,
en una bolsa.
Al alcance,
a la vista,
o bien lejos,
en el rincón más recóndito de la casa,
para encontrarlo después de algún tiempo,
y tal vez tocarlo,
tomarlo,
tal vez usarlo,
tejerlo,
y tal vez,
sólo dejarlo allí.

Un ovillo, la memoria.
Recuerdos,
pedazos de vida,
que al tejer se vuelven a andar,
se elaboran,
se reconstruyen.
Y si no gustan,
se destejen,
se desandan,
y se los vuelve a tejer,
o se los ovilla
nuevamente,
para guardarlos otra vez en la repisa,
en la bolsa,
o en el placard.